Se colocó el celular en el oído, del otro lado sonó un par de veces y respondió un hombre.
-Pa, ¿cómo andas? ¿Estás al pedo?
Sin entender bien que estaba pasando, el padre de Mateo contestó que sí.
- Vamos a tomar una birra, ya voy a tu casa.
Su padre era igual a él, tanto físicamente como en su personalidad. Dos personas que preferían evitarse porque eran muy cerradas, que ambos conocían cual era el problema, pero el miedo, el orgullo y la cultura de gente de pueblo evitaban que se hable, creando un manto invisible en una relación entre dos personas unidas por la sangre que parecían no conocerse.
La espalda le pesaba un poco por la mochila con la cerveza, iba caminando y pensando en mil discursos para dar, seguramente ninguno iba a concretarse, pero era inevitable no hacerlo.
Estaban sentados en el fondo del gran patio, en el medio de dos sauces llorones, cada palabra era medio incómoda pero los dos estaban casi acostumbrados.
- ¿Tenés todo preparado ya?
- Sí- Notó que fue muy cortante, parece que no quisiera hablar del tema pensaba a sí mismo- No veo la hora de irme- Agregó.
- Me alegra que estés decidido.
Tomó coraje, tragó saliva y solo le salió pedir perdón. Su padre lo miró sin entender bien sobre que hablaba.
- Sí, perdoname pa. Ya han pasado cinco años y nunca te di la oportunidad de que hablemos. En un principio tenía miedo y nunca...
- Está todo bien, no me tenés que decir nada.- Lo interrumpió su padre.
- Necesito decirtelo y vos también lo necesitas. ¿Acaso no sentís como si me conocieras? Vivimos en un pueblo chico, lleno de gente preocupada por lo que hacen los otros e inventando historias que no son. Me gustan los hombres.
- Yo te dije que no quería saber nada de que hicieras mientras que seas feliz...
- Soy tu hijo, ¿estás seguro que Mariano me "hace feliz"? ¿Qué cuando voy a Córdoba la paso bien? Dos años hace que estoy enamorado de una persona que no le conoces ni la cara.
Su padre no podía parar de llorar. Siempre quiso ese momento pero le tenía mucho miedo. A Mateo le sorprendió y hasta le asustó un poco de la manera en que se le abalanzó y lo abrazó fuerte.
- Perdoname, soy un cagón.
- Bueno pa, todo está bien, Esto tenía que hablarse. Estoy acá para que te saques todas las dudas, se han hablado muchas cosas de mi, ustedes la pasaron mal...
- Con lo que acabas de hacer me demostras que todo lo que dijeron de vos es mentira. Y si algo es verdad no tengo porqué juzgarte, sos jóven. Lo único que te pido es que te cuides hagas lo que hagas, elijas lo que elijas.
- Gracias pa. Sabes que estoy y que esto no me cambia para nada, es algo que no elegí sentir y que decido vivir orgullosamente porque es lo que soy. Pueblo chico, infierno grande. Que hablen lo que quieran hablar, a mi me importa que ustedes me conozcan.
Ambos se secaron la cara y siguieron charlando. Era el comienzo de una nueva relación, quedaba mucho por descomprimir, pero un paso realmente importante para la vida de Mateo.
- Cuando te mudes yo te ayudo, no vas a pagar para llevar tus cosas diciendo que te puedo llevar yo.
Mateo se incomodó un poco, quedaba tanto por deconstruir en la relación con su padre. Pero tomó coraje y le contestó afirmativamente.
Tomó coraje, tragó saliva y solo le salió pedir perdón. Su padre lo miró sin entender bien sobre que hablaba.
- Sí, perdoname pa. Ya han pasado cinco años y nunca te di la oportunidad de que hablemos. En un principio tenía miedo y nunca...
- Está todo bien, no me tenés que decir nada.- Lo interrumpió su padre.
- Necesito decirtelo y vos también lo necesitas. ¿Acaso no sentís como si me conocieras? Vivimos en un pueblo chico, lleno de gente preocupada por lo que hacen los otros e inventando historias que no son. Me gustan los hombres.
- Yo te dije que no quería saber nada de que hicieras mientras que seas feliz...
- Soy tu hijo, ¿estás seguro que Mariano me "hace feliz"? ¿Qué cuando voy a Córdoba la paso bien? Dos años hace que estoy enamorado de una persona que no le conoces ni la cara.
Su padre no podía parar de llorar. Siempre quiso ese momento pero le tenía mucho miedo. A Mateo le sorprendió y hasta le asustó un poco de la manera en que se le abalanzó y lo abrazó fuerte.
- Perdoname, soy un cagón.
- Bueno pa, todo está bien, Esto tenía que hablarse. Estoy acá para que te saques todas las dudas, se han hablado muchas cosas de mi, ustedes la pasaron mal...
- Con lo que acabas de hacer me demostras que todo lo que dijeron de vos es mentira. Y si algo es verdad no tengo porqué juzgarte, sos jóven. Lo único que te pido es que te cuides hagas lo que hagas, elijas lo que elijas.
- Gracias pa. Sabes que estoy y que esto no me cambia para nada, es algo que no elegí sentir y que decido vivir orgullosamente porque es lo que soy. Pueblo chico, infierno grande. Que hablen lo que quieran hablar, a mi me importa que ustedes me conozcan.
Ambos se secaron la cara y siguieron charlando. Era el comienzo de una nueva relación, quedaba mucho por descomprimir, pero un paso realmente importante para la vida de Mateo.
- Cuando te mudes yo te ayudo, no vas a pagar para llevar tus cosas diciendo que te puedo llevar yo.
Mateo se incomodó un poco, quedaba tanto por deconstruir en la relación con su padre. Pero tomó coraje y le contestó afirmativamente.
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