Ese era su último día de terapia. Luis, su psicólogo, lo esperaba con ansias y felicidad. Sabía que no había ningún alta para dar, ya que Mateo se daba el alta solo. La meta final: Córdoba.
Terminaba el 2015, el clima estaba extraño. No hacía calor como todos los años, llovía mucho y se preveía una posible gran inundación, nuevamente. El efecto Niño había desbaratado la poca normalidad que quedaba por esos días.
La vieja puerta de madera color hueso con la placa "Luis Altair: Terapias breves" esperaba para sonar. Golpeó decidido. Una sonrisa, una mano que se asoma, lo saluda con un apretón y la sonrisa de los dos que se dibuja en la cara.
Adentro no existía diván, en su lugar dos sillones estaban separados por un gran escritorio de roble. Sahumerios humeaban y parecían creadores de bailarines grisaceos que se desvanecían en el aire. Un pequeño aire acondicionado peleaba contra la humedad de un día gris. A la noche llovería.
Se sentaron frente a frente, los ojos celestes de Luis atravesaron la mirada de su paciente y su boca gatilló:
- ¿Mañana nomas?
- Sí, mañana es el gran día... Ya conseguí trabajo y Mariano me espera con ansias. Cambié de opinión, no voy a estudiar. Quiero trabajar y dedicarme a hacer un deporte. Creo que de contacto.
- Me parece muy bien, ¿por qué de contacto?- Ya sabía cual era la idea de su paciente y le parecía brillante.
- Es una manera de dejar de lado el miedo que le tengo a el contacto con otros hombres de manera violenta. Dejar de pensar que todos son como el ex marido de mi mamá. De última, si lo son quiero ser consciente que puedo defenderme.
Luis sonríe.
- La sesión pasada me dijiste que ibas a hablar con tu papá.
- No pude aún. Hoy quiera o no le voy a hablar, es hora de blanquear la situación. Necesito cerrar este capítulo para seguir y hacer mi vida en otro lado, sin mi familia pero con ellos acompañándome. Mi papá si no asume mi homosexualidad nunca se va dar espacio para conocerme a mí. Ya pasaron cinco años desde que lo sabe, cambie mucho en ese tiempo y él no me conoce...
-El resto de tu familia, ¿qué opina?
-Están muy felices, me acompañan.
- No te vayas sin hablar con tu papá. Se merecen los dos esto.
- Si me voy sin hablar con él, mi relación con Mariano va a seguir tratado de lo mismo. No quiero que nos cansemos...
- Ya sabes que cuando me necesites, me llamas. De igual manera conozco gente en Córdoba muy buena y que trabaja con terapia breve.
- Espero no tener que volver a venir acá porque eso significa que me vine de Córdoba, o me echaron. Dijo Mateo riendo.
-No tiene porqué pasar, y si pasa vas a seguir.
Terminaba el 2015, el clima estaba extraño. No hacía calor como todos los años, llovía mucho y se preveía una posible gran inundación, nuevamente. El efecto Niño había desbaratado la poca normalidad que quedaba por esos días.
La vieja puerta de madera color hueso con la placa "Luis Altair: Terapias breves" esperaba para sonar. Golpeó decidido. Una sonrisa, una mano que se asoma, lo saluda con un apretón y la sonrisa de los dos que se dibuja en la cara.
Adentro no existía diván, en su lugar dos sillones estaban separados por un gran escritorio de roble. Sahumerios humeaban y parecían creadores de bailarines grisaceos que se desvanecían en el aire. Un pequeño aire acondicionado peleaba contra la humedad de un día gris. A la noche llovería.
Se sentaron frente a frente, los ojos celestes de Luis atravesaron la mirada de su paciente y su boca gatilló:
- ¿Mañana nomas?
- Sí, mañana es el gran día... Ya conseguí trabajo y Mariano me espera con ansias. Cambié de opinión, no voy a estudiar. Quiero trabajar y dedicarme a hacer un deporte. Creo que de contacto.
- Me parece muy bien, ¿por qué de contacto?- Ya sabía cual era la idea de su paciente y le parecía brillante.
- Es una manera de dejar de lado el miedo que le tengo a el contacto con otros hombres de manera violenta. Dejar de pensar que todos son como el ex marido de mi mamá. De última, si lo son quiero ser consciente que puedo defenderme.
Luis sonríe.
- La sesión pasada me dijiste que ibas a hablar con tu papá.
- No pude aún. Hoy quiera o no le voy a hablar, es hora de blanquear la situación. Necesito cerrar este capítulo para seguir y hacer mi vida en otro lado, sin mi familia pero con ellos acompañándome. Mi papá si no asume mi homosexualidad nunca se va dar espacio para conocerme a mí. Ya pasaron cinco años desde que lo sabe, cambie mucho en ese tiempo y él no me conoce...
-El resto de tu familia, ¿qué opina?
-Están muy felices, me acompañan.
- No te vayas sin hablar con tu papá. Se merecen los dos esto.
- Si me voy sin hablar con él, mi relación con Mariano va a seguir tratado de lo mismo. No quiero que nos cansemos...
- Ya sabes que cuando me necesites, me llamas. De igual manera conozco gente en Córdoba muy buena y que trabaja con terapia breve.
- Espero no tener que volver a venir acá porque eso significa que me vine de Córdoba, o me echaron. Dijo Mateo riendo.
-No tiene porqué pasar, y si pasa vas a seguir.
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